Hay experiencias que llegan en el momento justo, y otras que, además, te recuerdan el poder de compartir, escuchar y crecer en comunidad. Así fue para mí el 1st Anáhuac Women’s Leadership Mentoring Walk, una iniciativa que reunió a 100 mujeres líderes con un mismo propósito: acompañar, inspirar y conectar con jóvenes que están comenzando a construir su camino.
Bajo una premisa poderosa —“Mujeres que inspiran”— esta caminata se convirtió en mucho más que una actividad simbólica. Fue un espacio real de conversación, reflexión y aprendizaje mutuo entre generaciones.
Tuve la fortuna de participar como mentora, y dentro de esta experiencia conocí a Airam Rojas, una joven estudiante de psicología que actualmente realiza sus prácticas en el CRIT. Desde el primer momento, nuestra conversación fluyó de manera natural, llevándonos a explorar no solo su formación académica, sino también su visión del futuro, los retos que enfrenta y las emociones que acompañan esta etapa tan decisiva de su vida.
Escucharla fue, sin duda, uno de los momentos más valiosos del día.
Porque si algo me dejó esta experiencia es la certeza de que la mentoría no es un proceso unilateral. No se trata únicamente de compartir conocimientos o dar consejos; también implica abrirse a nuevas perspectivas, entender cómo piensan las nuevas generaciones y reconocer la claridad, sensibilidad y determinación con la que muchas jóvenes están enfrentando el mundo actual.
Me impresionó profundamente la emoción con la que Airam habla de lo que viene. Esa mezcla de ilusión y miedo que, en realidad, es el motor de cualquier historia de crecimiento.
Espero que las palabras que compartí con ella —desde mi experiencia en el mundo profesional— hayan sembrado una pequeña semilla de inspiración. Pero también sé que, en ese intercambio, yo me llevé algo igual de valioso: una nueva forma de ver el futuro.
La Universidad Anáhuac lo expresó perfectamente en sus redes:
“Caminamos, brillamos y lideramos juntas.”
Y es justamente eso lo que sucedió.
Más allá de la caminata, este encuentro fue un recordatorio de la importancia de crear espacios donde las mujeres puedan encontrarse, apoyarse y crecer juntas. Porque cuando una mujer inspira a otra, el impacto trasciende mucho más allá de ese momento.
Se convierte en una cadena.
Una que transforma.







